martes, 2 de junio de 2009
He Muerto
martes, 28 de abril de 2009
Preambulo del Desesperado
No queda más que este inmenso abismo
congelado, acostado entre la nada y el todo
cerca de ese todo que casi nunca es algo
a veces tan maravilloso, a veces tan espantoso.
Ausente de mi propia construcción
al borde del abismo,
mi cabeza cayendo como volantín
sin hilo al piso
tal como la lluvia.
Esperando aquello que pedía desde las cimas
en tantos colores, ya todos sabían
cuando en mi espalda llegaba el sol
expandido como pandemia por toda la piel
quemándome a ciegas, a sordas, a mudas
con coronas para difuntos
desde la pura inconsciencia hasta mi imaginación más mediada
quemado de extremo a extremo
sin limpiar las calles de mi sangre,
acuchillado por desgraciados, borrachos ciclos espaciales
en mi trono negro.
No me queda más que este abismo inmenso
sentado yo, en la orilla de las fayas naturales de mi pecho,
aquí riéndome de un día más
con sonrisa de piedra bruta, la más profunda.
Sentado esperando lo pedido
en manifestaciones con pancartas y pliegos de peticiones en las nubes
en los batiscafos del abismo que me espera.
¡Y ahora! Que he decidido caer
atado de manos, con los mojos cerrados
los pies cercenados
me llegan los sueños como diamantes bellos
como dinero libremente sucio y alas rotas
con hilos para zurcir.
Solo a dios, a dios le dejo
mis cuchillos, mi corona y mi altar
solo Adios
viernes, 17 de abril de 2009
Tengo una Vioa para Vender
Tengo una vida para vender
quien la quiera que me venga a ver,
me quedan algunos harapos
muy pronto me los expropiaran.
Tengo un pedazo de cielo
muy pronto lo remataré
no queda otra debo empobrecer
para a toda velocidad correr.
Porque ahí viene un zorro
escoltado por un huanaco y un piño,
un zorrillo y rastrillo,
me viene a quitar el tesoro
me arrancara hasta el
alma sino corro.
Tengo algún centavo
se lo lanzo en la carrera
por si pica –digo yo-
antes que me atrape este fiero fanfarrón.
Me queda una vida para vender
así de miseria no desfallecer.
-mientres me de comer-
No hay más nada en la alacena
ni sol, ni hijos, ni un viento que me pueda favorecer,
ese zorro en eurodólares,
no me dejó ni migas para la cena.

