sábado, 13 de junio de 2009

Quién te crees tú

Por qué vienes tú mariposa cósmica

apareciéndote a medias;

entre glacial y roca ardiente,

piensas tú poderme asustar

pasando frágil como arena de estrellas

o furibunda cual cometa.

Qué pretendes provocar

¿catástrofes?,

convulsiones iracundas que me confundan

para cuando no te vea de rabia

amarrarme las manos,

romperme los labios con tus armas letales.

Quién te crees tú

llegas y pasas inesperada

como sol de media noche.

Quién te crees tú

saliendo y entrando a tu antojo.

Quién te crees tú

cuando inmisericorde vienes

dejando a la intemperie

mi cuerpo desharrapado

luego de provocar mi mirada involuntaria

ante tu menear exuberante, te paseas

felina en el borde del tejado,

cautelosa,

haciendo de todo el paisaje

un todo sumado a tus alhajas

adheridas a tu piel, y te vas,

despacio, te vas.

Crees tú qué me asustas,

acaso piensas eso

cuando me ves tiritando

apegando

tu voluptuosidad

en mi aliento de mar y vientos

cuando quieres navegar… ¡No!

Te digo ¡No!.

martes, 2 de junio de 2009

He Muerto

El silencio en mi cabeza vacía sepulcro silencio negro, sepulcro silencio de barro negro, de cielo negro ha dejado a la muerte posarse en mi lecho. Se presenta como destellos de luz, explosiones incandescentes, encandila, me enceguece borrando mi buen juicio, se muere, renace, vuelve a morir y nace nuevamente para ser eternidad entre el ir y venir como las olas del mar que rompen en las rocas, se agotan en la playa, donde los veraneantes, donde los amantes, donde las estrellas quisieran bañarse. Ya he muerto como otras veces, como nunca he muerto, como la primera y última, como la última de tantas o una más entre tantas, he muerto en conclusión, en alusión a mi vida, en homenaje a la palabra, al respirar, al menear. He muerto, muerto al fin, he muerto de muerte súbita anunciada desde el natalicio te acaricio muerte, muerte de muchas muertes, he muerto al fin, entre convulsiones y resaltos sencillos, entre misericordia y paz vacía y negra como la muerte misma, espíritu santo sarcástico. ¿has muerto tu también? Fragmento de mi Novela que aún no tiene nombre, que aun no ha sido terminada,

martes, 28 de abril de 2009

Preambulo del Desesperado

No queda más que este inmenso abismo

congelado, acostado entre la nada y el todo

cerca de ese todo que casi nunca es algo

a veces tan maravilloso, a veces tan espantoso.

Ausente de mi propia construcción

al borde del abismo,

mi cabeza cayendo como volantín

sin hilo al piso

tal como la lluvia.

Esperando aquello que pedía desde las cimas

en tantos colores, ya todos sabían

cuando en mi espalda llegaba el sol

expandido como pandemia por toda la piel

quemándome a ciegas, a sordas, a mudas

con coronas para difuntos

desde la pura inconsciencia hasta mi imaginación más mediada

quemado de extremo a extremo

sin limpiar las calles de mi sangre,

acuchillado por desgraciados, borrachos ciclos espaciales

en mi trono negro.

No me queda más que este abismo inmenso

sentado yo, en la orilla de las fayas naturales de mi pecho,

aquí riéndome de un día más

con sonrisa de piedra bruta, la más profunda.

Sentado esperando lo pedido

en manifestaciones con pancartas y pliegos de peticiones en las nubes

en los batiscafos del abismo que me espera.

¡Y ahora! Que he decidido caer

atado de manos, con los mojos cerrados

los pies cercenados

me llegan los sueños como diamantes bellos

como dinero libremente sucio y alas rotas

con hilos para zurcir.

Solo a dios, a dios le dejo

mis cuchillos, mi corona y mi altar

solo Adios